Stefano Colli
Maria Reig

marset

‘Reflections on light’

Christophe Mathieu

“Una lámpara debe seducirte

ya antes de que la enciendas.”

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Tiene nombre francés aunque nació en Alemania, pero su acento español conduce hasta las islas Canarias, donde creció. Llegó a Barcelona a mediados de los ochenta para acabar estudios de interiorismo. Poco después marchó a Milán y allí descubrió el diseño industrial.
Hombre inquieto, parece portador de ese ir y venir de sus progenitores belgas,  que se aventuraron a afincarse en la España de los 60s. Con un padre arquitecto y manitas (se fabricaba las lámparas de casa con papiroflexia que había aprendido cuando trabajaba en Alemania), hace 30 años  Christophe Mathieu transitó de la competición profesional de natación al mundo del diseño. Se mantiene abierto a los imprevistos de la vida, no excluye que a lo mejor un día lo deja y se dedica a algo muy distinto.
Asentado en Barcelona desde hace ya años, es uno de los diseñadores veteranos de Marset, para quien ha creado unos cuantos productos de éxito. Pero ninguno tan rotundo como Discocó. El best-seller actual de la firma. Escuchando a Mathieu, esa expansión de energía que transmite la lámpara cobra nuevo sentido.

¿Qué le pides a una lámpara?
Lo primero que tenga una buena calidad de luz, siempre en relación con su tipología, función, dónde irá ubicada, los posibles usos… Además de ser un aparato que ayuda a ver, es un objeto con tamaño, volumen, proporciones. Yo, a una lámpara, le pido que sea bonita cuando esté encendida y también apagada, debe seducirte ya antes de que la enciendas.

¿Existe la lámpara perfecta?
Seguramente no, porque cada usuario es diferente. La perfecta para ti quizás no lo sea para tu vecino o tu pareja.  Quizás para mí, es aquella que tiene la luz adecuada para lo que fue concebida, reconfortante y bella como objeto, que estéticamente represente la época en que fue diseñada pero que contenga características que la hagan perdurable en el tiempo, hecha con buenos materiales, técnicamente bien resuelta, en donde su precio no supere a su valor. No pido poco, ya. También está la lámpara como tótem: esa pieza con gran presencia que despierta el interés y llena el espacio, en este caso la iluminación es ambiental, algo secundaria. Pero también está la lámpara que no se impone estéticamente y, al encenderla, hace que la vida sea más confortable. Cada objeto tiene su función por el que fue concebido.

Hablas de la función que tiene cada objeto.
El tema de la función de los objetos es un discurso que ha cambiado a lo largo del tiempo. En los años 80 era un tema que derramaba mucha tinta y había muchas discusiones. Si una silla no era cómoda entonces era una silla inservible. Yo creo que ahora un objeto es algo más complejo, depende de las funciones para las que ha sido pensado, depende del uso que le quieras dar al objeto o la lámpara.

¿Con qué materiales te gusta trabajar?
Me gustan todos si se utilizan correctamente, pero siento rechazo cuando están mal trabajados. Los materiales no tienen la culpa del buen o mal uso que se haga de ellos!. En determinadas épocas se abusa mucho de alguno y satura a público y diseñadores. Como pasó en los 90s con el aluminio, y ahora con el latón o el cobre.

¿Cómo sabes si un material es el adecuado?
En diseño es muy importante el ensayo y error, por eso realizo muchas maquetas y prototipos. Normalmente no parto de un material al inicio de un proyecto, sino del tipo de luz que quiero, y busco los elementos para ello: materiales “ideales”, posibles sistemas de ejecución, acabados, colores, precio final, si se fabricará a gran escala o de modo artesanal… La lámpara Discocó inicialmente la imaginé con discos metálicos y acabaron siendo de plástico inyectado. Todos los factores suman.

¿Qué fases destacas en el proceso de diseño?
Dedico bastante tiempo a pensar, la verdad. Lo realmente importante es tener una buena idea. Parece obvio, pero es así. ¿Cómo se consiguen las buenas ideas?  Surgen en un momento concreto, aunque no se te ocurren de repente. A veces tengo un flash, una imagen de lo que quiero que un objeto trasmita a los demás, pero es el resultado de unas circunstancias, del cúmulo del día a día, de ir trabajando. Entonces intento visualizar lo más claro posible el objeto en la cabeza, y lo dibujo en papel o paso directamente a la maqueta, que me ayuda a ver las proporciones y el volumen en un espacio.
Luego está la parte emocional. Es muy importante que esa idea produzca en mí una emoción, que me entusiasme. Es casi una cuestión práctica porque me motiva a continuar, normalmente no trabajo por encargo, cada día diseño o mejor dicho proyecto, como otro escribe o pinta.

¿Por qué prefieres la palabra proyectar a diseñar?
Diseñar lo asocio más a dibujar y proyectar a pensar cómo llevar a cabo una idea. Proyectar en el futuro: de dónde no hay nada surge algo. Y me interesa el verbo “proyectar” en relación a la luz, como el proyector de diapositivas. Es decir, utilizar la luz para proyectar un objeto contra una superficie. Además, me gusta la connotación de lanzar a larga distancia.

¿Qué te interesaría proyectar que no hayas hecho todavía?
En realidad, siempre estoy proyectando. Camino por la calle, veo que están de obras en una tienda, y cuando la inauguran me encanta pensar cómo habría hecho yo el interiorismo. Voy por primera vez a casa de alguien y diseño mentalmente el espacio. O en la playa, en Tenerife dónde vamos de vacaciones, hay zonas sin arena con rocas que entran en el mar… Me pongo a pensar y proyectar cómo resolvería el acceso al mar. Me gusta pensar en cómo mejorar las cosas, es algo con lo que me lo paso “pipa”.

Dices que te gusta pensar por qué fracasa una lámpara…
Es muy interesante analizar por qué una lámpara triunfa y gusta, pero también lo contrario. A veces te dicen: “hombre, ya no pienses por qué esta lámpara ha ido mal”. No es por masoquismo que lo hago. Me gusta identificar las razones, los errores y qué elementos se podrían haber mejorado, aprendo. Yo lo comparo con aquellas cajas que había en las ferias en Canarias cuando era niño. Llevaban unos cordones todos del mismo largo. Tenías que tirar de ellos y se trataba de acertar con el cordón que te daba el premio.
También es interesante analizar por qué una lámpara tuya tiene éxito, por qué gusta a los demás, cuáles son los elementos y las variantes que forman una buena lámpara. Es como lo de la estructura que toda buena historia debe de tener: inicio, nudo y desenlace. Creo que hay gran paralelismo entre diseñar un objeto, escribir una novela, componer una canción, hacer una película o incluso elaborar un buen plato de cocina.
Hay otros diseñadores que les importa menos, qué dicen “Ah, a mí me da igual, con que me guste a mi es suficiente”. No es mi caso.

Tú quieres gustar.
Y quién no? Yo quiero que quieran las cosas que diseño. A mi me hace ilusión, como me ha pasado algunas veces, que de repente voy a casa de alguien que tiene una lámpara mía, que ha adquirido y no sabe que es mía. Esa persona, entre todas las lámparas que se encontró en la tienda, escogió esa. No soy tan partidario del diseñador que se convierte en personaje, y es gracias a ese personaje que el producto se vende. No es que esté en contra, porque existe y si ayuda a vender el producto mejor, pero me siento más cómodo cuando el objeto que diseño se convierte en el protagonista.

Qué destacarías de la iluminación LED?
Mira, algo muy sencillo y que me ha pasado a mí mismo. No hay que olvidar que una lámpara es un objeto de luz. Con los LEDs, ahora las lámparas vienen ya con su propia iluminación incorporada, y por tanto, como diseñador controlas mucho mejor el tipo de luz que quieres que haga esa lámpara. Antes, sugerías un tipo de bombilla incandescente o halógena, y la gente se iba a la tienda de la esquina o al lampista y compraba lo que le recomendaban sin tener en cuenta la temperatura de luz adecuada para esa lámpara, o la calidad de la bombilla o la intensidad de luz. Y además, como los LEDs duran 30 años, puedo controlar mejor la experiencia del usuario final con el objeto que he diseñado.

De pequeño, te hacías tus propios juguetes ¿Está en el origen de tu profesión?
Siempre he sido muy manual, muy matérico. Entonces ya me construí el tirachinas para que afinase más la puntería y llegase más lejos. Al principio iba para arquitecto, mi padre lo era, de niño lo acompañaba a las obras y al volver a casa dibujaba casas. Me acuerdo que con 11 años me hice una casa de madera de dos pisos en un terreno que había al lado de casa, o sea que en el fondo me gusta bastante la arquitectura y la construcción de objetos.
Otra opción fue Bellas Artes. Al final opté por del diseño industrial porque lo que realmente me interesa es el arte aplicado, que exista un briefing, el objeto acotado con una utilidad práctica.
¿Qué es la luz?
Es una herramienta muy poderosa. Sino que se lo pregunten a arquitectos, interioristas, directores de cine, fotógrafos… La luz es lo que permite que todo lo que nos rodea se vuelva visible, que percibamos nuestro entorno de un modo determinado, moverte por el espacio, apreciar colores, formas y volúmenes, realizar actividades, lograr que un espacio parezca más grande o pequeño, confortable o incluso que produzca rechazo, y todo hace que influya en nuestro estado de ánimo y calidad de vida.
La luz también es un lenguaje. La lámpara se convierte en un objeto que habla y provoca en ti una serie de sensaciones, que se traducen en más o menos confort.

¿Tienes alguna luz preferida?
Me gusta mucho jugar con la luz indirecta, que choca contra los elementos que la rodean, no sólo dentro de un espacio arquitectónico. La lámpara no deja de ser en ese sentido una arquitectura en miniatura, como las Discocó y Maranga. Gracias a esos elementos que apantallan luz, juegas con el resultado y manipulas la luz. La lámpara no sólo es emisor, también es receptor de luz exterior. Diseñar una lámpara es enormemente complejo, lo que también me atrae. No estaría mal que los niños tuviesen una asignatura sobre la luz en las escuelas!.

Un recuerdo vinculado a la luz.
Fui de viaje a Senegal con un amigo y lo primero que me impresionó al llegar fue el aeropuerto de Dakar totalmente a oscuras. Aquí estamos invadidos de luz artificial por todas partes. En los pueblos de noche salíamos a pasear y no se veía nada. Sólo oía un montón de voces. En las casas donde dormimos únicamente había una bombillita pequeña colgada en el centro de la habitación – la de Edison transparente de muy pocos vatios- con una luz muy cálida. Tuve una sensación de cierta inseguridad. Pero también sentí confort.
Vivo en Barcelona y por la noche nunca hay oscuridad total. Salgo a la terraza y veo cantidad de luz. Como contraste, me gusta mucho ir a la montaña con la tienda de campaña y vivir la noche oscura sólo con la luz de las estrellas. La oscuridad transmite silencio, relax. A veces hay que descansar de luz.

Te criaste en Canarias ¿cómo es la luz allí?
Al estar cerca del trópico cae más vertical. Sobre todo en verano es más directa, las luces y sombras se endurecen. De pequeño vivíamos a cinco minutos andado de un mirador dónde tenías todo el océano Atlántico delante ti. Los amaneceres y atardeceres eran espectaculares, con los cambios de tonos de luz, más fría, más tórrida, hasta que el sol desaparece. Todavía me sigue gustando ir a la playa al atardecer, por la calidad de la luz.

¿Cuál es el mejor consejo que te han dado?
Estaba en Milán buscando trabajo y fui al estudio de Enzo Mari. Me recibió él por equivocación. Iba a enseñarle el book  y me dijo que no le interesaba, pero añadió: “¿Quiere que le dé un consejo? Si tiene usted dinero dedíquese a viajar y si no quédese en Canarias tomando el sol, porque diseñadores  hay aquí más que guardias urbanos.”
En realidad el mejor consejo fue otro. Dedícate a lo que quieras, pero que te guste. Sé honesto a través de los objetos que hagas. Y si quieres alcanzar una cosa y todavía no llegas, fórmate y estudia para lograrlo. Son los consejos que yo daría hoy. Y también: Mírate bien los primeros trabajos que haces, porque marcan mucho.

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