Maria Reig
Inma Bermúdez

marset

‘Reflections on light’

Xavier Mañosa

“En la cerámica, hay que dejar

que las cosas sucedan

sin intervenir mucho.”

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Xavier Mañosa se formó como diseñador industrial, aunque la vida le llevó a crecer entre tornos y hornos del taller de cerámica de su familia. Tras una estancia trabajando en Berlín, de vuelta a Barcelona decidió unir el oficio artesano de ceramista con el diseño, y en 2009 creó la marca Apparatu junto con sus padres. En su día a día le motiva investigar el material y los procesos de manufactura en sí mismos; modela cada nueva pieza dando margen al accidente, a la poética de lo inesperado. Forma parte de la última hornada de creadores que fusionan proyectar y hacer.
De su relación con Marset han surgido colecciones de lámparas con arcillas y esmaltes que interpretan nuevos efectos de luz.
En Xavier Mañosa la cerámica contemporánea tiene uno de los máximos exponentes. Su trabajo ha podido verse en ferias y exposiciones de diseño de Londres, Frankfurt, Tokio, Nueva York,  México o Estocolmo.

¿Qué te gusta de tu oficio?
Lo que más, la inmediatez. El material, la cerámica, es muy dúctil. Te lleva dentro de todo el proceso, diseño, producción… Tienes un trozo de barro, introduces el dedo y ya empiezas. En un día, en un rato, puedes llegar a acabar un objeto. También me gusta la magia del horno cuando introduces la pieza. La has esmaltado e intuyes en qué se convertirá. El proceso se parece al revelado de las fotos. Como cuando ibas con el carrete, tenías que esperar a ver el resultado. Después abres la puerta del horno y o está muy bien o ¡es un desastre!.
 
¿Cada pieza es una sorpresa?
No! Cada pieza tiene su momento de sorpresa. Hay un punto en el que ya se controla el proceso de producción y sabes cómo saldrá. Pero en nuestras lámparas el proceso es complejo, es artesanal y en los acabados puede aparecer alguna pequeña variación que nunca antes había existido.
 
¿Qué es para ti la cerámica?
La he vivido toda la vida. Tiene ese aspecto de familiaridad, mis padres son ceramistas. Para mí es muy cercana, normal. Como algo que has tenido dentro y que siempre ha estado ahí. Para mí no tiene una definición concreta.

¿Puedes hacer lo que quieras con la cerámica o tiene límites?
Sí, puedes hacerlo. Que después tenga sentido, ya es otra cosa. Dentro del discurso artesanal, te pones a trabajar con un material, a investigarlo, descubrir todo lo que hay detrás. Y sobre todo comprender los procesos. Darme cuenta de todo lo que puedes llegar a aprender a través de la cerámica, me genera una sensación de infinito, un poco de vértigo. Al final tienes que estar ahí y continuar.
Pero la cerámica es también un material “muy desagradecido”. Tiene muchos más errores que aciertos. Y, al mismo tiempo, estos errores te ayudan a generar el acierto correcto. Pasa frecuentemente que al abrir la puerta del horno, eso no era lo que tú querías, se ha transformado en otra cosa.

Con la cerámica hacéis muchas pruebas.
Esto tiene una consecuencia muy bonita. Al hacer experimentos acabas generando un volumen tan grande de piezas que aprendes a tirarlas. Al final sé cuál está bien, cuál es perfecta y tengo que guardar. Aunque a ti quizás te parecería fantástica, para mi es un error. El día que solemos limpiar el taller tiramos una cantidad de piezas importante. Me gusta la idea de aprender a desprenderte de lo que no te interesa. Te acaba sirviendo para otras cosas de tu vida.

Así, el error suma en la cerámica.
Más que el error sería lo inesperado, lo involuntario, lo que no proyectabas. Y al final es lo que acaba aportando el atractivo y haciendo el objeto más sensual. Este pequeño detalle, en el que tú no tienes nada que ver y que es absolutamente fortuito, es de las cosas más bonitas. La lámpara Pleat Box tiene mucho de esto. Es una pieza que se generó ella misma. Claro que nosotros estábamos detrás, pero la forma se hizo sola. Y con el éxito que ha alcanzado es como si llegara tocada por una varita mágica.

¿Qué tienen de ti tus objetos?
Lo mejor que le puede pasar a un objeto es que tenga lo menos posible de ti. Cuando menos estás tú en el momento de hacerla, el objeto es más tú. Quiero decir, cuando estás trabajando, ya sea modelando, repasando o esmaltando, tienes que tocar sin tocar. Tienes que intentar tener una especie de agilidad en las manos. Esto también pasa en el momento de diseñar: intento tocar poco, dejar que las cosas sucedan sin intervenir mucho.

¿Cómo te vienen las ideas?
Como artesano, cuando le das mucha importancia al material y al proceso, ya tienes un par de condicionantes que te ayudan mucho. Abres un camino. En las buenas ideas se trata de sentarse y encontrar soluciones. Antes de esto existe el ingenio, de golpe entrevés algo, un inicio de proyecto. Pero si no empiezas a trabajar, el ingenio no es suficiente, se esfuma.

¿Cómo es una luz bonita?
Es la que no molesta, y eso es muy complicado. Cuando he estado en una casa bien iluminada – y me ha pasado pocas veces- suele ser una persona con una cierta edad y con sensibilidad. Conseguir esa luz le ha costado tiempo. Es un ejercicio de ir alimentando la casa con lámparas y objetos que encuentras a lo largo de tu vida. Ya no es sólo el objeto en sí que te puede ayudar, sino cómo intervienes tú, cómo la colocas y dónde. Una luz bonita necesita de muchos aspectos para conseguirse.

¿Cuál es tu relación con Marset? ¿Qué os aportáis?
Empezó hace cinco años. Son una empresa familiar y nosotros también. En Marset están muy acostumbrados a los procesos Industriales, mientras que en nuestro caso hay un factor humano más difícil de controlar. Ellos han tenido esta paciencia de lo que significa el trabajo artesanal. Han sabido absorberlo, entenderlo y transmitirlo al público general. Distribuirlo y explicarlo es complejo y lo han conseguido con éxito.

¿Y tú, qué les has aportado?
Supongo que les he ayudado a explicar el inicio y el valor añadido de estas piezas. Con un objeto artesanal si te cuentan los detalles, te ayudan a imaginarte cómo se ha hecho, te acerca más a la persona que está detrás. Como usuario te sientes más próximo.

¿Cómo es la luz de las lámparas que has diseñado para Marset?
La cerámica, que es un material que habla mucho, aporta una calidez difícil de encontrar en otros materiales. La Pleat Box blanca ya es cálida pero si aplicamos oro, todavía interviene más en el espacio y genera una serie de aguas, consigue alterar la atmósfera del espacio a través de la reflexión de la luz en el material.

¿El uso del oro es un lujo?
No puedes pretender aplicar oro a un objeto y que ese objeto no tenga connotaciones. El cerebro lo relaciona mecánicamente con un objeto de lujo. Después está el precio del oro. Utilizamos 18 quilates con un pincel de piel de marta – el animal con el pelo más fino que existe-, otro pincel dejaría marcas. Es oro atomizado en polvo muy fino que, mezclado con disolventes, se convierte en pintura. Entonces, pincelada a pincelada se aplica sobre el esmalte blanco. Encarece el precio final de la pieza pero le confiere una calidez que sin el oro no la tendrías nunca.

Dices que las lámparas que haces son como una joya…
En el sentido que el proceso es muy especial. Explicado ocuparía una hoja de papel entera. Resumiendo diría que es una pieza que pasa cuatro veces por el horno, y en medio hay procesos de pulido manual que duran unos 20 minutos. Dado que una misma lámpara posee distintos esmaltes, se tiene que proteger una cara cuando haces la otra. Hay acabados pistoleados y otros con pinceles, muy laboriosos; pasa por varias manos … Y de todos estos procesos manuales quizás al final queden marcas que te recuerden qué sucedió y en qué momento del proceso.

¿Todos los objetos tienen una historia?
De la artesanía me gusta poder explicar qué hay detrás. La relación que se genera entre usuario y objeto. Esta idea de que el objeto artesano está humanizado, que el usuario entienda cómo se ha hecho esa pieza, de dónde sale.

¿Qué es Marset?
Hombre, una buena parte de Marset es… ¡es alegría! Es arriesgarse y atreverse. Son muy valientes.

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